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El streaming acaba con la tele tradicional

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La televisión lineal sucumbe ante los modelos a la carta, que también están revolucionando el mercado de pago. Los nuevos actores se imponen en una industria que dibuja su futuro sobre la marcha y cambia los hábitos de los espectadores.

El mando de la tele está cambiando, hasta el punto de haberse convertido en algo prescindible mientras el espectador tenga un dedo capaz de controlar un móvil o una tableta. Porque el televisor tampoco es ya el rey de una casa en la que portátiles y otros dispositivos hacen las veces de caja tonta, que resulta cada vez más inteligente. La nueva televisión ya no es lo que era: no existen horarios, no hay que consultar la parrilla en una revista y ni siquiera es necesario estar en el sofá. De hecho, no son necesarios los canales de televisión para ver televisión. Ni una parabólica.

Tampoco hace falta esperar para ir al baño o sentarse todos juntos para ver ese programa o esa serie tan esperados (porque eso de aguantar la intriga una semana, hasta el próximo capítulo, es algo del pasado). La televisión ya no es televisión: es streaming. Y eso lo cambia todo.

Un canal para cada uno

A principios de los 90 comenzó a popularizarse la televisión de pago, al principio con tímidos ejemplos como Canal+. La posibilidad de acceder a contenidos premium previo pago de una cuota mensual creaba un segundo mercado televisivo en el que los cortes publicitarios se evitaban, y donde se podía consumir la avanzadilla de los contenidos punteros. La expansión del cable y el satélite trajo las plataformas digitales, donde se multiplicaban los canales de pago y se tematizaban: uno para cine, uno para niños, uno para deportes… Suponía romper el modelo generalista para crear pequeñas parcelas de contenidos, lo que permitía llegar mejor a cada espectador, que encontraba sus almas gemelas televisivas en la pantalla. El elevado precio de estas plataformas mantuvo a raya la amenaza, pero la llegada de Internet no sólo cambió la forma de distribuir los contenidos (arrinconando progresivamente al satélite o el cable), sino la forma de consumirlos. El primigenio Internet apenas permitió el desarrollo de este mercado, que se ha mantenido agazapado hasta que la fibra y las altas velocidades de conexión se han convertido en algo cotidiano. Es cuando ha despertado la bestia.

La televisión a la carta

Las mejores y mayores capacidades de Internet han hecho posible el nacimiento de plataformas OTT (Over The Top) como Hulu, Netflix o HBO. El negocio es diferente al de una plataforma de televisión digital por satélite, ya que estos servicios no han basado su éxito en la difusión de canales lineales premium, sino en catálogos de contenidos en streaming que se consumen a la carta. Incluso los canales tradicionales disponen de plataformas similares para distribuir sus contenidos, como es el caso de Mi Tele (Mediaset España) o Atresplayer (Atresmedia). El modelo de Netflix o HBO es el mismo, con la diferencia de ofrecer contenidos de terceros, principalmente películas y series. Su éxito ha convertido a estas plataformas en estudios cinematográficos que destinan centenares de millones en la producción de sus propios contenidos como arma para diferenciarse en un mercado que empieza a atomizarse: a Netflix (que invertirá 7.000 millones de dólares en 2018), se unen HBO, Amazon Prime Video (ha invertido 4.500 millones este año), Showtime o RakutenTV (antes Wuaki). Pero el número real de plataformas es desconocido, ya que cada país tiene sus propios productos locales. En paralelo, la amenaza de Apple, Facebook y Google de comenzar a producir contenidos para crear sus propias plataformas, movimientos que en muchos casos ya están en marcha, o el anuncio de Disney tras su ruptura con Netflix. Nunca fue tan fácil y tan barato crear una plataforma digital de este tipo, cuyo éxito reside en la ruptura absoluta de modelos anteriores, cuya decadencia se evidencia en la pérdida de 16,7 millones de abonados a televisión por cable y satélite que ha habido en 2016 solo en Estados Unidos o a los 40 millones que dejarán estas plataformas en 2021, según previsiones de EMarketer. En Estados Unidos, Netflix ya tiene más suscriptores que la televisión por cable. Pero la paradoja es que los canales temáticos no tienen de qué preocuparse…

Confluencias

La siguiente evolución de las OTT es un regreso al pasado, ya que las nuevas plataformas que buscan conquistar el mercado combinan el modelo de contenidos a la carta con la distribución de canales lineales, tanto premium como en abierto. En España el primer caso ha sido Sky, la operadora británica que por 10 euros al mes ofrece 12 canales temáticos de series, cine, documentales y programas infantiles, y contenidos a la carta. Todo ello con una simple conexión a Internet, nada de descodificadores, antenas o instalación. Está pensado para dispositivos como móviles, ordenadores y tabletas, con la posibilidad de verlo en televisión gracias a un pequeño aparato que venden por apenas 25 euros, y que en realidad funciona como un Android TV, un Apple TV o un Fire TV de Amazon, los dispositivos que convierten en inteligentes a los televisores que aún no lo son.

Sky es la primera plataforma de este tipo en España, pero Estados Unidos, como casi siempre, lleva la delantera. Allí ya operan DirecTV Now, que ofrece desde 60 canales por 35 dólares al mes, hasta 120 canales por 70 dólares. La competencia es feroz porque existen otras plataformas similares, como Sling, y otros actores que antes no eran una amenaza, como es el caso de PlayStation (que ofrece en PlayStation Vue paquetes de entre 40 y 75 dólares al mes por contenidos premium, incluyendo cine y deportes) o de YouTubeTV, que demostró lo en serio que van las BigFive en estos temas cuando anunció un paquete de más de 40 canales por 35 dólares al mes.

Este panorama arrincona a las telcos, que han fiado su diferenciación también a la televisión. En los últimos años, la inversión que han realizado las principales compañías proveedoras de servicios de telecomunicaciones ha sido notable, lo que ha incrementado el número de abonados a televisión de pago hasta cifras récord: España ya ha superado los 6 millones de suscriptores, a pesar de ser uno de los países con mayor cantidad de canales de Televisión Digital Terrestre (TDT). La discutible calidad de su programación y las características del mercado español, donde dos actores se reparten a la audiencia, han llevado a muchos usuarios a adentrarse en la televisión de pago. Entre otras cosas porque los paquetes convergentes de Internet y teléfono se han encargado de ello gracias a precios muy competitivos y a la necesidad de contratarlas para acceder a deportes como el fútbol, que ha perdido la gratuidad. De nuevo, la confluencia entre modelos es parte de la estrategia: Vodafone regala HBO a sus clientes de televisión como forma de contrarrestar el enorme poder de Movistar+ en el sector, basado no tanto en los canales que ofrece (pues la mayoría están en todas las plataformas) cuanto en los contenidos de sus canales exclusivos (cine de estreno, deportes o #0, un canal generalista propio que canaliza sus inversiones en ficción). Pero en este mercado cualquier reinado es tan volátil como en ‘Juego de Tronos’. Ya lo hemos visto en televisión. O en el móvil.

Plataformas para todos

Las plataformas de contenidos en streaming se suelen circunscribir a productos de ficción, pero los deportes ya exploran el modelo. Es el caso de beIN Connect, que ofrece el fútbol en directo por 9,99 euros mensuales, o de OpenSport, que aglutina una serie de competiciones, desde MotoGP hasta lucha, por el mismo precio. En este caso, es posible abonarse una única semana por 4,99 euros, mientras que beIN Connect también ofrece 9 canales de entretenimiento como opción adicional. Otro caso es Filmin, que ofrece cine por 8 euros al mes.
La flexibilidad de todas estas plataformas es absoluta, liberando a los espectadores de ataduras y permitiendo que se den de alta y de baja al instante en cualquier momento. Una libertad a la que los usuarios se están acostumbrando y que nos podría invitar a pensar en la necesaria flexibilidad de las plataformas de las telecos, pero sería caer en un error. Basta con revisar su estructura: difusión de canales de terceros combinados con canales propios o contenidos a la carta exclusivos. Estos últimos son los que marcan la diferencia, dado que los canales están disponibles en cualquier plataforma competidora. La única diferencia real radica en que darse de alta o de baja en las plataformas de las telcos implica migrar también Internet y teléfonos, lo que limita la libertad de movimiento de los usuarios. Y ese es precisamente el objetivo cuando la fibra es simétrica para todos y las llamadas son ilimitadas, y con precios similares: solo la tele es una distinción real.

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